12/07/2008

Kung Fu Panda: novedades… a medias

Debo decir que Kung Fu Panda me ha sorprendido… positivamente, claro. Esperaba mucho menos. Y me explico. Dreamworks, desde el éxito cosechado con Shrek (2001), explota lo que yo llamo el molde shrek: historias a base de gags y bromas más o menos picantes y, si puede ser, metiéndose con alguien. De hecho, en su…

Debo decir que Kung Fu Panda me ha sorprendido… positivamente, claro. Esperaba mucho menos. Y me explico. Dreamworks, desde el éxito cosechado con Shrek (2001), explota lo que yo llamo el molde shrek: historias a base de gags y bromas más o menos picantes y, si puede ser, metiéndose con alguien. De hecho, en su momento, era lógico: por lo que digo en este artículo publicado hace unos meses. Katzenberg, después de dejar Disney, tenía que hacer algo distinto a lo que realizaba la competencia; y lo encontró en una historia que parodiaba, fundamentalmente, a los del ratón.

A mi modo de ver, este molde ha evolucionado hacia dos estilos parecidos: el más puramente shrekiano (romper esquemas, meterse con lo tradicional, bromas “sobradas”, canciones “alternativas”…), representado, lógicamente, por los tres capítulos del ogro verde y, también, por Madagascar (2005) o Flushed away (2006) –de lo peor que han hecho–; y, por otra parte, está el estilo de crítica ácida a la sociedad… y ahí están Vecinos invasores (2006), o Bee Movie (2007), por ejemplo. Y sobre este molde pivota el éxito de Dreamworks: los demás filmes son pecata minuta (exceptuando, quizá, El príncipe de Egipto, que es de una época anterior: 1998).

Pues bien, de Kung Fu Panda, me esperaba lo mismo: otra vez el mismo molde. Sin embargo, han conseguido alejarse un poco. Hay parodia, sí; esta vez hace el cine manga y oriental de artes marciales (quizá por eso está teniendo tanto éxito en esas tierras). Y es divertida: tiene buenos gags y no se hace pesada. Y gusta; sobre todo, pienso, a los más pequeños (es una película más infantil, en este sentido).

Pero… –siempre hay un “pero”–, la historia no es nada original y, exceptuando Po, el protagonista oso panda gordo y patoso, los personajes son totalmente planos. Po vive con un ganso, su padre adoptivo –en próximas entregas, ya prometidas, supongo que sabremos qué hace ahí un oso que no cabe en esa casa–, que tiene un restaurante donde hace la mejor sopa de fideos del lugar. Pero Po no quiere dedicarse a los fideos: sueña con ser un gran guerrero kung fu. De hecho, por algo accidental, acaba siendo elegido por el mismo gran maestro de artes marciales Oogway, Luchador Dragón, el único que, según una profecía, podría vencer al temible Tai Lung; y eso, ante la sorpresa de sus ídolos, los Cuatro Furiosos, entrenados precisamente para ello… Así que Shifu, el maestro de los Cuatro, muy a pesar suyo, tendrá que entrenarlo para poder llegar a ser quien se supone debe ser… Pero, ¿cómo entrenar a un oso que no puede ni con su alma?

Efectivamente, Dreamworks es bueno, pero lejos está de crear historias como las de Pixar. Ésta, en sus películas –exceptuando, quizá en Cars (2006), la más floja de todas–, crea personajes con un poco más de profundidad. Aún no he podido ver Wall-E, estrenada ya en América, pero por lo que dicen, es originalmente atrevida. Dreamworks es más una fábrica. De sueños, quizá, pero fábrica al fin. En las secuelas, habrá que ver si mejoran al primer Kung Fu Panda, o se quedan arrezagados. Con Shrek, desde luego, no consiguieron mejorarlo. Más bien lo contrario.

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